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Economía de la durabilidad. Obsolescencia programada

Economía de la durabilidad. Obsolescencia programada

Los objetos de uso se estropean ‘solos’ al cabo de pocos años. Hoy sabemos que esto responde a un criterio de diseño premeditado (obsolescencia programada) ¿Cuanto ahorraríamos en recursos, energía y residuos con objetos diseñados para durar?

El potencial de ahorro en vivienda es enorme, ya que abarca desde la ropa a los electrodomésticos e iluminación, estos últimos los dos componentes básicos del consumo de energía eléctrica en las casas. Los productos fabricados según criterios de durabilidad suelen costar más dinero, por lo que es necesario incorporar a todas las escalas la idea de amortización. El funcionamiento cooperativo permite, al contrario que la compra de vivienda a un promotor estandar,  incorporar la idea de durabilidad asociada a amortización a la forma de vida y a los edificios, con beneficios claros a medio y largo plazo.

En eCOHOUSING lo estamos estudiando en la vivienda, para ver su potencial de ahorro y en su caso incluirlo en nuestros criterios de Sostenibilidad y Energía para el desarrollo de proyectos cohousing-vivienda colaborativa.

Video documental COMPRAR TIRAR COMPRAR La historia secreta de la obsolescencia programada

Video LA HISTORIA DE LAS COSAS

Un ejemplo de fabricante que apuesta por la durabilidad es OEP Electrics  que comercializa productos de iluminación con tecnología LED con 25 años de garantía y que afirman duran toda la vida.

¿QUÉ ES LA OBSOLESCENCIA PROGRAMADA?

La obsolescencia programada o planificada es la programación del fin de la vida útil de un producto, para que se vuelva viejo, no funcional, inútil o inservible, después de un tiempo de vida calculado de antemano por el fabricante durante su diseño.

El concepto se desarrolló entre 1920 y 1930 y se basa en un supuesto estímulo de la economía y la innovación que originaría un ciclo acelerado de consumo y demanda creciente sin fin en el que nuevos objetos más desarrollados reemplazaran a objetos obsoletos. Lo que comenzó con bombillas y medias abarca hoy en día es práctica generalizada en enormes áreas de consumo, especialmente del tecnológico. La obsolescencia está cuidadosamente planeada por los fabricantes de manera que el momento de fallo del producto no lleque a causar la perdida de confianza en la marca. En la versión más degenerada de esta práctica se comercializa dos veces un mismo producto cambiando exclusivamente aspectos secundarios de diseño o imagen.
Los defensores de la obsolescencia programada afirman que estimula positivamente el desarrollo y la generación de I+D, sobre todo en el terreno de las nuevas tecnologías en el que cada pocos meses hay alguna mejora notable.
Los detractores sin embargo ponen en la balanza la enorme cantidad de recursos y energía que se derrocha, así como la ingente cantidad de residuos que se genera, muchos de ellos de alta peligrosidad ambiental y dificilmente reciclables.

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